Jueves 07 de Marzo, 2019

REPORTAJE: Violencia de género: “Sin apoyo estaría muerta”



El periódico Encuentro, del Arzobispado de Santiago destacó en su edición de marzo el trabajo que realiza la Vicaría en la acogida de mujeres víctimás de violenciade género

El mundo entero conmemora en marzo el Día Internacional de la Mujer y su lucha por mayor participación e igualdad de oportunidades detrás de esta gran causa habitan historias íntimas y dolorosas, exclusión y violencia silenciosamente extendidas. Dos casas del Arzobispado de Santiago se han dispuesto para acoger a centenares de mujeres, niños y niñas, víctimas de violencia de género en contexto de pareja. Tres jefas de hogar sobrevivientes hacen un urgente llamado a detener este flagelo, que solo el 2018 afectó a cerca de 50 mil mujeres en Chile.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, y se recuerda como uno de sus hitos el incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist, en Nueva York, el 25 de marzo de 1911, donde 146 trabajadoras, la mayoría de ellas jóvenes inmigrantes, murieron quemadas. “Estas mujeres no podían acercarse a hablar con el propietario; tenían que fumar a escondidas y no tenían permiso para comer”, explica Jane Hodges en un artículo del sitio web de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Agrega: “Recibían bajos salarios, trabajaban largas horas. Era sábado en este caso y las puertas estaban cerradas con llave. No tenían derechos, ni protección legislativa o representación laboral. Era la clásica fábrica clandestina, a un paso de la esclavitud”.

Esas mujeres trabajadoras de Estados Unidos no sobrevivieron. Pero las dos chilenas Sandra y Teresa, junto con la colombiana Yuli, afortunadamente, todavía pueden contar su historia. Se trata de casos con diferentes contextos, pues mientras el de Norteamérica se refiere a violencia laboral, el segundo trata de violencia de género en contexto de pareja. Y aunque más de cien años separan ambas historias, se unen en una realidad que sigue persistiendo: la violencia contra la mujer.


Sandra: “Perdí el miedo y conté todo”

 No se conocen entre ellas, pero tienen varias cosas en común; son madres, viven en Santiago y lamentablemente las tres sufrieron violencia por parte de sus ex parejas. Con emoción, pero por sobre todo con orgullo, abren sus corazones para relatar los duros momentos vividos (*). Sandra tiene 41 años y estuvo casada durante siete. Gran parte de su relación fue víctima de violencia por parte del padre de sus tres hijos. El año 2014 llegó junto a su familia a una de las casas de acogida que tiene la Iglesia de Santiago para mujeres víctimas de violencia y tras ocho meses logró rearmarse y continuar con su vida, esta vez sin violencia.

“Las drogas, el alcohol y el machismo influyeron mucho. Yo hacía todo en la casa, trabaja para mis tres hijos. Aguanté tanta violencia porque él era el que traía la comida. Mi hija mayor fue testigo, lamentablemente, de toda la violencia que yo viví cuando me pegaba o cuando me encerraba en el baño. No dormía nada por cuidar a mis hijos. Llegó un momento que dormí con un cuchillo bajo el colchón por si él les hacía algo, porque muchas veces se amanecía tomando. El episodio que más recuerdo y que gatilló mi salida, fue cuando una vez yo estaba cocinando porotos y no le gustaron. Me tiró toda la comida en la cara, luego me azotó contra la cocina y empezó a tirar balazos al aire, porque tenía una pistola.

A mi hija en el colegio le preguntaron qué regalo que no se compra con dinero le gustaría tener. Ella respondió: “Que mi papá nunca más le pegue a mi mamá”. Después de eso, me llamaron del colegio y yo exploté. Por primera vez perdí el miedo y conté todo lo que había vivido durante cinco años y llegué a la casa de acogida. Tras un tiempo me di cuenta de todo lo que viví, porque en el momento uno no se da cuenta y no mide las consecuencias, sobre todo del daño que les estaba haciendo a mis hijos, porque ellos eran los que más sufrían con todo esto. Fue difícil al comienzo pero aquí me ayudaron y por sobre todo a mis hijos, yo quería que ellos estuvieran bien. Después de los ocho meses que estuve en la casa, tuve miedo de salir a la calle nuevamente con mis hijos, pero me atreví y gracias a Dios me ha ido bien. Logré trabajar de garzona y pude pagar un arriendo.”

Recuerda que su agresor volvió a buscarla. “Perdí contacto con él hasta hace dos años, que quería ver a los hijos, pero él era el mismo, seguía tomando y drogándose, así que solicité una orden de alejamiento y nunca más los volvió a buscar. Mis hijos fueron mi bandera de lucha y hoy siento ese amor y cariño por parte de ellos. Estoy agradecida por el apoyo que me entregaron en la casa de acogida. Hasta el día de hoy seguimos en contacto por todo el amor y el cariño que le entregaron a mi familia. En algún momento, debido a la desesperación, pensé en quitarme la vida, pero después vi que mis hijos iban a quedar con ese hombre así que nunca lo hice”.

 
Yuli: “Sin este apoyo estaría muerta”

Desde el año 2015 ha existido un aumento de ingreso de mujeres migrantes a las casas de acogida. Esto debido a la realidad migratoria del país, entendiendo que la violencia es de carácter transversal. Hoy en día cerca del 30% de las mujeres víctimas de violencia que habitan las dos casas de acogida de la Vicaria de Pastoral Social, son extranjeras. Una de ellas es Yuli, de 27 años, colombiana. Su ex pareja era un chileno. Se conocieron en Colombia hasta que decidieron venirse a Chile juntos en busca de mejores oportunidades laborales. Producto de la relación nació una hija que hoy tiene tres años. Cuenta que su pareja siempre tuvo mal carácter, pero que los hechos de violencia comenzaron en nuestro país. “Siempre me sacaba en cara que él me mantenía, que yo era una ignorante y me metía miedo que acá no podía salir a la calle porque me iban a robar o a matar. Era muy agresivo, siempre me pegaba, nunca me reventó la cara pero me dejó moretones en todos lados. El siempre prometía cambiar, estábamos una semana bien pero después volvía la violencia. Me daba miedo denunciarlo porque yo no tenía nada, estaba sola en un país que no conocía, no tenía cómo mantener a mi hija, pero cuando también violentó a mi hija me empoderé.

 Una vez le tiró una pelota en el estómago y ella quedó sin respiración. El primer día en la casa de acogida fue muy fuerte, sobre todo por mi hija. Estaba tan destrozada que no era capaz de opinar de nada, me sentía muy inferior a todos. Me daba miedo trabajar, salir a la calle, toda la seguridad que yo tenía antes, él me la quitó. Después, con el tiempo, con la ayuda y con los talleres en la casa, poco a poco fui tomando confianza y me hicieron ver la realidad nuevamente. Sin este apoyo estaría muerta”.

Yuli egresó de la casa de acogida la tercera semana de febrero de este año. “Ahora trabajo haciendo aseo en las mañanas y en las tardes cuido a unas niñas. Además, estoy estudiando manicure, porque me quiero independizar. Vivimos con mi hija en una habitación. Antes de salir de la casa tenía temor si iba a poder rehacer mi vida, pero ahora sé que puedo trabajar, sé que soy una mujer más y soy capaz de todo”.


Teresa: “Ocurre hasta en las mejores familias”

 Teresa tiene 59 años, lleva tres de casada y durante los últimos dos ha sido víctima de violencia. Su esposo, ingeniero civil industrial de profesión, tiene un buen trabajo y es muy querido por todo su entorno. Lo que nadie sabe es lo que ha tenido que vivir y ocultar su esposa durante estos años.

“Empezó de a poco con la violencia, primero a menoscabarme hasta que llegó a los golpes. Me daba vergüenza que mi familia y mi entorno supieran lo que estaba viviendo. Yo para él no era nada, gozaba cuando me trataba mal y me pegaba. Terminé creyendo todo lo que me decía. Cuando logré salir de mi casa estaba destrozada, era un trapo, no era nada, no existía, me estaba muriendo en vida. Pensaba que nadie me iba a creer, como él era ingeniero, hasta que finalmente me atreví y escapé. La violencia ocurre hasta en las mejores familias.

Hoy vivo con una de mis hijas y su familia, en principio no quería que nadie supiera lo que me ocurría pero no aguanté más, un día me pegó con unos cables y me dejó llena de heridas, alguien escuchó mis gritos, mi sufrimiento y llegaron los carabineros. Alguna vez pensé en quitarme la vida pero quiero ver crecer a mis nietos.”
 

LAS CASAS DE ACOGIDA

En la actualidad la Vicaria de Pastoral Social Caritas en una co-ejecución con el Estado de Chile, tiene dos casas de acogida. El 2018 recibieron a 86 mujeres y a 115 niños y niñas. Loreto Rebolledo, jefa del Área de Animación Solidaria de la Pastoral Social Caritas explica que “las mujeres ingresan vía derivación del Ministerio Público, Tribunales de Familia y Sernameg (Centros de la Mujer), Carabineros de Chile y a través de la pauta de evaluación de riesgo unificada”.


¿Cuál es el apoyo concreto que se les entrega?

La casa de acogida es un programa del Sernameg, ejecutado por el Arzobispado de Santiago, a través de la Vicaría de la Pastoral Social Caritas. El objetivo principal es asegurar la prevención de las mujeres atendidas, mediante una atención residencial temporal de calidad, de todas las mujeres mayores de 18 años, con o sin hijos e hijas, cuya situación de riesgo es de carácter grave o vital producto de la violencia que ha vivido por parte de su pareja actual o anterior. Dentro de la casa se promueve en las mujeres la concientización del riesgo que implica la violencia y sus consecuencias, fortaleciendo estrategias de autocuidado y desarrollando capacidades de autonomía en las diversas áreas de su vida. También se les entrega atención psicoeducativa e intervención en crisis a los hijos e hijas de las mujeres que ingresen para la contención emocional, resignificación de la violencia vivida y la incorporación de estrategias de autoprotección.
 

¿Qué es lo que más le cuesta superar a una mujer víctima de violencia?

Una de las cosas que es más difícil de trabajar y de superar es la re significación de las relaciones afectivas y del concepto de familia ideal, ya que sus interrelaciones aprendidas se caracterizan por seguir patrones de dependencia, sometimiento y subordinación, provocando, en la mayoría de los casos, que se repliquen prácticas violentas en la relación que generan las mujeres con sus hijos e hijas. Nuestra forma de trabajo se encuadra en el enfoque de género y derechos humanos, esto es, identificando la violencia contra las mujeres como una problemática social con profundas raíces culturales que necesitan ser cuestionadas y deconstruidas para el levantamiento de una sociedad más justa y equitativa. Es así como, la visión particular de la Vicaría de la Pastoral Social Caritas, enfatiza en la expresión de un mundo justo, fraterno y solidario, donde todo hombre y mujer tiene derecho a una vida plena y abundante.


¿Cómo poder ayudar a una mujer que está siendo víctima de violencia?

Las mujeres que sufren violencia de género necesitan entender por qué vivieron una situación de violencia y cómo han llegado a ella. Lo anterior disminuirá su sentimiento de culpa y les ayudará para poner fin a la situación de maltrato. Las redes familiares y de amistad juegan un rol clave. La escucha activa, la empatía, el apoyo, el no juzgar y la información son fundamental. Que sepan y sientan que no están solas.

(*) Los testimonios son de personas egresadas de las casas de acogida.


Denunciar de manera Segura

Las denuncias se pueden realizar en los Juzgados de Familia, Carabineros, la Policía de Investigaciones o el Ministerio Público. La afectada o cualquier persona que conozca los hechos, familiar, amistades, un vecino, etcétera, tienen el deber de denunciar.

Teléfonos: Fono 1455, nuevo teléfono gratuito del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG), orienta a mujeres que viven violencia y a testigos sobre qué hacer y dónde acudir. Fono 133 de Carabineros de Chile para denunciar.

Direcciones y web: También se puede obtener información de manera presencial en alguno de los 103 Centros de la Mujer del SernamEG. Entregan atención psicológica, asistencia social y jurídica. Direcciones y teléfonos en: www.minmujeryeg.cl/centros-de-la-mujer/


50 mil denuncias en 2018

Hace algunas semanas Loreto Aravena, actriz de Canal 13, viralizó en redes sociales un mensaje tras la brutal escena de violencia en “Pacto de Sangre”. En ella se ve como Marco (Néstor Cantillana) se enfureció luego de que Josefa (Aravena), con siete meses de embarazo, le pidiera terminar la relación. La situación generó un violento ataque con golpes en la cara y cuerpo. La actriz escribió: “Esta es la realidad de muchas mujeres HOY en Chile y el mundo, no podemos seguir permitiéndolo, nunca es tarde para entregar y pedir ayuda. Aquí solo es maquillaje (…)”.

Más allá de la ficción, la violencia contra la mujer refleja una realidad que miles de chilenas viven actualmente. El año 2018 hubo 64.361 denuncias relacionadas con violencia intrafamiliar, de las cuales 48.858, es decir, el 76% fue contra mujeres, como indica el Centro de Estudios y Análisis del Delito de la Subsecretaría de la Prevención del Delito.

La legislación chilena (ley 20.480) establece que el delito que tiene por nombre femicidio, es aquel efectuado por el que, conociendo las relaciones que los ligan, mate a la mujer que es o ha sido su cónyuge o conviviente. Este delito es la forma más extrema de violencia contra las mujeres y según cifras del Sernameg lamentablemente 42 mujeres perdieron la vida por esa razón el año 2018 y hubo 118 que fueron víctimas de un femicidio frustrado.

 


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