Martes 04 de Mayo, 2021

Nuestro trabajo y vocación nos ubica en el corazón de la Iglesia





Queridos amigos y amigas de la Vicaria quiero saludarlos con mucha alegría y esperanza en este mes del trabajo que estamos celebrando. Por medio de estas letras quiero ponerme en contacto con ustedes ya que la pandemia y el confinamiento nos ha permitido encontrarnos sólo por medios virtuales, al menos con la mayoría.

Quiero compartir con ustedes la alegría que nace del compromiso de Jesús con el trabajo humano expresado en su vida y en su palabra: “Mi Padre trabaja y Yo también trabajo” (del evangelio de Juan) Esta es la buena noticia que nos trae esperanza en estos tiempos de tanta incertidumbre. A este anuncio quiero unir el testimonio de tantas mujeres y hombres que trabajan en nuestras ollas comunes y comedores, ya sea de las parroquias, juntas de vecinos y otras organizaciones. Allí hombres y mujeres se dan sin medida como decía san Alberto, muchas veces compartiendo sus alimentos y los espacios de sus casas. ¡Qué ejemplo de generosidad y que siembra de esperanza!

Que grande el corazón de tantas mujeres, muchas veces jefas de hogar, que en situación de confinamiento cuidan de sus hijos, realizan teletrabajo sin descuidar la casa y lo que eso conlleva. Cada persona está siendo un signo muy potente de la Resurrección de Cristo. No por casualidad cuando el Señor nos quiso hablar del Reino lo hizo con parábolas que nos muestran el trabajo de un campesino, de un pescador, de una mujer que amasa la harina o de un pastor que busca la última oveja. Vale la perna releer las parábolas de Mateo 13 en esta óptica del reino y el trabajo.

Nuestro trabajo y vocación nos ubica en el corazón de la Iglesia y su labor en bien de los más pobres y descartados. En efecto, cada día debemos preguntarnos quiénes son estos que viven esta situación de miseria en medio de nuestra ciudad, quiénes son los cristos que esperan nuestro servicio, entrega y cercanía. Por eso miramos los tiempos que vivimos con los ojos de la fe, con la certeza de que  “De una crisis no se sale igual: salimos mejores o peores” (Francisco, Mensaje a la ONU en su reunión N 75). 

En este contexto y en un año marcado también por elecciones y especialmente del proceso constituyente, te quiero invitar a continuar con la reflexión sobre el trabajo, sabiendo que ello es una oportunidad para aportar a la sociedad con una mirada desde la fe que evidencia la dignidad del trabajo, la urgencia de generar empleos dignos y la necesidad de mejorar las condiciones de los más desposeídos. Así lo manifestaba Don Celestino en su mensaje del día del trabajo: “La crisis actual, que es económica, social, cultural y también espiritual, puede representar para todos un llamado a redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo, que dé lugar a una nueva ‘normalidad’, en la que nadie quede excluido”. 

Podemos decir que el trabajo es expresión del rostro de una comunidad. Por algo san Pablo decía que “el que no quiere trabajar que tampoco coma”. Es expresión de cómo está el alma de una comunidad. Parafraseando el dicho podemos decir: “dime cómo es tu trabajo y te diré que clase de sociedad seremos”. Todo esto porque corresponde a la vocación misma del ser humano: ganarse el sustento con sus manos y cuidar la creación en la que se vive. Es por esto que miramos con esperanza los nuevos trabajos que necesitamos gestar.

Padre Jaime Tocornal
Vicario de la Pastoral Social Caritas


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