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LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS BIENES DE PRODUCCIÓN
Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando sacudas tus olivos, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando recojas los racimos de tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda. (Dt 24, 19-21)
La doctrina social de la Iglesia, fundada en el respeto a la libre iniciativa personal en campo económico , que permite el despliegue de las capacidades del ser humano, reconoce el derecho de propiedad que alcanza no sólo a aquellos de uso personal o familiar, sino también a los bienes de producción. Juan XXIII, haciéndose eco de lo señalado por Pío XII, afirma que cuando la Iglesia defiende este derecho va tras un alto fin ético-social. “De ningún modo pretende sostener pura y simplemente el presente estado de cosas, como si viera en él la expresión de la voluntad divina; ni proteger por principio al rico y al plutócrata contra el pobre e indigente…Más bien se preocupa la Iglesia de hacer que la institución de la propiedad privada sea tal como debe ser, conforme al designio de la Divina Sabiduría y a lo dispuesto por la naturaleza, es decir, que sea garantía de la libertad esencial de la persona y al mismo tiempo un elemento insustituible del orden de la sociedad”(111).
En este mismo sentido se refiere al tema San Alberto Hurtado. “El régimen de propiedad privada –afirma- debe organizarse de tal manera que sea accesible a todo aquel que ponga el esfuerzo normal de su trabajo”. Es lo que Mater et Magistra señala como “una efectiva difusión de la propiedad. El derecho al uso de los bienes de la tierra, al cual corresponde la obligación de otorgar una propiedad privada, en cuanto sea posible a todos; y, por otra parte, entre las exigencias que se derivan de la nobleza moral del trabajo también se halla comprendida la conservación y el perfeccionamiento de un orden social que haga posible una propiedad segura, aunque sea modesta, a todas las clases del pueblo”(N° 114). Lo que se reconoce, en el fondo, es el principio del destino universal de los bienes –uno de los seis pilares de la Doctrina Social de la Iglesia- que señala que todo ha sido creado para todos los hombres, de toda generación. De modo que, en el fondo, quienes disponen de una propiedad de bienes de producción, lo hace a título de administración de algo que Dios padre puso en la tierra a disposición de todos los hombres y mujeres de todo momento histórico, con lo que también se avanza en los temas medioambientales o de cuidado de la Creación.
Para reflexionar:
• ¿Qué haces para compartir tus bienes?
• ¿Con quien lo haces?
• ¿Con qué frecuencia comparto mis bienes?
• ¿Das “hasta que duela” o sólo lo que te sobra?
• ¿Cómo cuidas los espacios comunes y públicos que utilizas?
• ¿En tu lugar de trabajo te sientes de alguna manera corresponsable de él?
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