|
LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES Y EL DIÁLOGO SOCIAL
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: —¿Comprenden lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman maestro y señor, y dicen bien. Pero si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el sirviente no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Serán felices si, sabiendo estas cosas las cumplen.(Jn 13,13 – 17)
Ya decía San Alberto Hurtado que la participación de los trabajadores es importante para el progreso social, y que para conseguirla es preciso asociarse con los compañeros de trabajo, lo que se logra en el sindicato. Ahora bien, como también dice el Padre Hurtado, “buenas condiciones de trabajo no pueden obtenerse sino en una industria próspera en la que capital y trabajo colaboren armónicamente” (Sindicalismo, 1950). En otro párrafo de esa misma obra afirma “No puede haber capital sin trabajo, ni trabajo sin capital: ambos están llamados a entenderse y a colaborar al amparo de la justicia”. Esta práctica, que en tiempos actuales llamamos diálogo social, ha sido reiteradamente afirmada por la Iglesia. Tiene que ver, ciertamente con el principio antes enunciado. Desde una perspectiva doctrinaria, a ambos, trabajadores y empresarios, corresponde gestionar una empresa, para bien de todos, para el bien común. Ciertamente hay roles distintos, pero el carácter del oficio laboral no obsta la necesaria participación de todos, también de una manera ordenada para servir al bien común. San Alberto Hurtado en “Moral Social” agrega que “si el capitalismo quiere sobrevivir debe evitar la concentración de poder con su consiguiente deshumanización; debe terminar con el dominio del trabajo, que es inmensamente más noble: es algo humano-divino a pesar de sus humildes apariencias. (Corresponden el) respeto, medios de vida abundantes, participación cada día mayor en los frutos, en la gestión y aún en el dominio de la empresa”.
En Mater et Magistra se señala, recordando la doctrina expresada por Pío XI en Quadragesimo anno “la necesidad de suavizar elementos del contrato de trabajo con el contrato de sociedad, de modo que los obreros y empleados compartan el dominio y la administración y participen en cierta medida en los beneficios” (N° 32). Luego Juan XXIII agrega: “los trabajadores deben tener participación en los asuntos de la empresa donde trabajan; la modalidad no puede fijarse genéricamente, sino que debe darse de acuerdo a las características de las empresas; la participación debe tender a que la empresa sea una auténtica comunidad humana” (N° 91). A continuación agrega que es conveniente que los trabajadores puedan hacer oír su voz: “las relaciones entre empresario y dirigente por una parte, y los trabajadores por otra, lleven el sello de la estima, respeto y comprensión, leal y activa colaboración e interés en la obra común; es conveniente que los obreros puedan hacer oír su voz y aporten su colaboración para el eficiente funcionamiento y desarrollo de la empresa; se debe salvaguardar la necesaria unidad de dirección, pero implica esto reducir a los colaboradores a la condición de meros ejecutores silenciosos y enteramente pasivos”. (N° 92).

Para reflexionar:
• ¿Consideras los aportes que otros pueden hacerte para mejorar tu trabajo?
• En tu lugar de trabajo ¿se considera a los trabajadores en la toma de decisiones?
•
¿Sientes que tu opinión es un aporte en el lugar donde trabajas?
|