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INTRODUCCIÓN
“las manos se juntan para rezar, pero se abren para dar”
Ana Cruchaga
(madre de San Alberto Hurtado)
Al comenzar queremos resaltar lo bello y significativo del nombre de la Encíclica. Madre y maestra. Es, tal vez, el más bello de los nombres de todas las encíclicas sociales. ¿Qué podría evocar más la formación del ser de cada cual que una madre y una maestra?
Hay muchos aspectos de las encíclicas sociales, no sólo de Mater et Magistra, de 1961, que fueron enunciados antes por Alberto Hurtado, quien falleció en 1952. Con seguridad, diversas de esas reflexiones ya habían sido planteadas por otros pensadores –presbiteros, religiosos o laicos- . No podría ser de otra manera, porque la fuente bíblica y particularmente la fuente neotestamentaria y los aportes patrísticos son un patrimonio común. Lo que va variando en la historia son los signos de los tiempos, expresados en el comportamiento humano y la evolución de las ciencias a partir de los cuales, como dice Juan XXIII “La Iglesia, sacerdotes y seglares, ha deducido una luminosa doctrina social para ordenar las relaciones humanas con criterios generales que responden a las exigencias de la naturaleza y la realidad humana actual” (N° 220 ).
Al recordar con singular admiración la Rerum Novarum, publicada por el papa Leon XIII en 1891, el “Papa Bueno” –como popularmente se conoció a Juan XXIII- señala que los pontífices siguientes han tomado la enseñanza de esta encíclica para aclarar su verdadero significado o para añadir un nuevo estímulo a la voluntad de los católicos. Existe aquí un reconocimiento –que después será mucho más explícito- sobre el permanente enriquecimiento de la doctrina social con el aporte de las ciencias a su formulación y actualización. El padre Hurtado también afirma que la tradición de la Iglesia es su permanente renovación. Esto es muy importante de considerar, pues no pocas veces se cae en el error de estimar a la doctrina social como una especie de catecismo social, un corpus doctrinario cerrado, sin capacidad de comprender los tiempos nuevos, cuando su concepción es exactamente la inversa: la doctrina social es un espacio de diálogo entre ciencias, realidad y fe. Para generar elementos que ayuden a discernir los nuevos tiempos desde la caridad -el amor actuante- de Cristo redentor.
Mater et Magistra se inicia recordando que La Iglesia –columna y fundamento de verdad- recibió el encargo de Jesucristo de engendrar hijos, educarlos y regirlos (N° 1), guiando con materno cuidado la vida de los individuos y los pueblos, cuya gran dignidad miró ella siempre con el máximo respeto y defendió con solicitud. El cristianismo, une cielo y tierra en cuanto toma al hombre como ser concreto, espíritu y materia, inteligencia y voluntad (Nº 2). Recuerda la encíclica que Cristo, además de predicar la Verdad, calmó el hambre de multitudes, multiplicando el pan varias veces (N° 4).
El gesto de Jesús, no fue una sola expresión material de la caridad porque ello no es suficiente. Incluso nuestra caridad (coloquialmente entendida como limosna) puede resultar ofensiva para quienes merecen en justicia lo que pretende dárseles a otro título. Resulta de la mayor urgencia el modificar instituciones, estructuras, para que la justicia pueda encarnarse, conforme al querer de Dios. Lo que se requiere es construir el bien común. Para ello Juan XXIII formula una invitación ineludible. “Nadie debe engañarse imaginando una contradicción entre dos cosas perfectamente compatibles, esto es, la perfección personal propia y la presencia activa en el mundo, como si para alcanzar la perfección cristiana tuviera uno que apartarse necesariamente de toda actividad terrena, o como si fuera imposible dedicarse a los negocios temporales sin comprometer la propia dignidad del hombre y del cristiano” afirmaba el Papa Juan (N° 255). “Más necesaria que la asistencia social es la modificación del orden social injusto”, decía el Padre Hurtado (Sindicalismo. 1950). A menudo volveremos a encontrar, en la actualidad, este llamado a dedicarse a la cosa pública en boca de Benedicto XVI, quien tiene especial preocupación por este tema.
Este encargo es grave y ligado al reconocimiento de la dignidad humana, la propia y la de todos. La gravedad reside en que “Ni la justicia ni la paz podrán existir en la tierra mientras los hombres no tengan conciencia de la dignidad que poseen como seres creados por Dios y elevados a la filiación divina” (215).
Desde allí es de donde surge todo. La dignidad divina del ser humano, creación predilecta de Dios y encargada de continuar su obra.
A continuación profundizaremos 8 aspectos de uno de los temas fundamentales de Mater et Magistra, el trabajo humano, relacionándolo con el pensamiento de San Alberto Hurtado. Cada tema termina con algunas preguntas que pueden ser de utilidad para la reflexión personal o comunitaria.
1. El derecho al trabajo y la responsabilidad de trabajar.
2. El salario justo
3. La asociación de los trabajadores
4. La propiedad privada de los bienes de producción
5. La participación de los trabajadores y el diálogo social
6. Equidad y distribución
7. El rol de la Iglesia
8. El papel de los laicos
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