Lunes 24 de Agosto, 2020

Olla Común de Villa Francia: Un espacio para encarnar la solidaridad de San Alberto



La cocina se enciende temprano en el patio del Centro Obispo Alvear, de Villa Francia. En este lugar, como todos los sábados, un grupo de voluntarios y voluntarias de la comunidad Cristo Liberador, no ocultan su alegría y se esmeran para preparar un delicioso plato de arroz con pollo al jugo. Este almuerzo no está destinado para 3 o 4 personas, sino que para más de 400 personas. En pleno corazón de Villa Francia, emerge una Olla Común que va en ayuda de numerosas personas que han perdido su fuente laboral o que incluso antes de la emergencia sanitaria ya enfrentaban un escenario complejo.

Para lograrlo, un grupo de avanzada ha dejado todo listo durante la tarde del viernes, donde higienizaron el lugar, instalaron los fondos y la cocinilla, que servirá para preparar las raciones de comida que posteriormente serán repartidas en el barrio. Se trata de alrededor de diez personas, quienes forman parte de este equipo, y que cuenta con representantes de distintas comunidades de la capilla.

Angélica Ponce, es una de las responsables del grupo, y explica que esta acción se suma a las otras iniciativas que desarrolla la comunidad, entre las que está la entrega de pan, parafina, mercaderías y medicamentos para familias del sector, las cuales son autogestionadas. Enfatiza que de domingo a domingo, distintas agrupaciones usan este lugar para realizar ollas comunes, y que los sábados es el turno para los equipos que conforman las comunidades cristianas de base de la capilla Cristo Liberador. “No quisiéramos hacer olla común, no quisiéramos pasar por esto. Pero bueno, la realidad de nuestro país es así, y estamos comprometidos en esta lucha por la igualdad, por la justicia. Sin embargo, hoy, nuestro compromiso es estar viendo el rostro de Cristo en cada hermano y hermana. Hemos recibido mucha ayuda, se ha multiplicado el pan, el pollo, el arroz”, señaló.

Mientras transcurre este trabajo, les visita el Vicario para la Pastoral Social Caritas, Jorge Muñoz sj, quien interactúa y conoce las responsabilidades que tienen las voluntarias y voluntarios. Se acerca la hora de repartir las raciones, por lo que se reúnen en un círculo y comparten un fragmento del Evangelio de San Mateo. En este contexto, el padre Jorge dedica sus palabras para valorar el compromiso que ha tenido este grupo, y reflexionar sobre el legado de San Alberto Hurtado, en este Mes de la Solidaridad.

“El padre Hurtado recordaba que la caridad comienza cuando termina la justicia. La verdadera solidaridad es el compromiso por la vida, y yo les agradezco a ustedes, porque la olla común es la expresión de un compromiso. Es fruto de la organización de la gente, porque quieren hacerse cargo. Quiero agradecer el enorme servicio, las voluntarias y voluntarios que son parte de este gesto”, subrayó el vicario.

Tras el momento de oración, llegó la hora de distribuir los almuerzos. Eran más de 180 raciones distribuidas en recipientes de plumavit, y las restantes, comenzaron a ser entregadas a los mismos vecinos que acudieron a retirar su comida en ollas y potes de plástico. Luego de ordenar cuidadosamente, el equipo a cargo de repartir las colaciones emprende rumbo a los primeros sectores de la población. A ellos, quiso sumarse en esta tarea el padre Jorge. 

De forma paralela, numerosas personas se acercaban a recibir las porciones, las cuales son  acompañadas de un trozo de pan, una ensalada y un limón. Entre ellos, estaba Ximena Ibarra, una vecina del barrio, quien vive junto a seis personas más en una casa ubicada en frente de la capilla Cristo Liberador. “Todos los días visito este lugar y si no lo necesitara, le daría la oportunidad a otra persona. Esto es excelente, y además me gusta la atención, porque ha sido buena, a uno no le dicen que no, que es lo más importante. Acá hay algo de alegría que se contagia a la familia. Se han portado súper bien, y de hecho, llegó mi hermana que también necesita de comida”, manifiesta conmovida.

Carolina González, animadora de la comunidad Cristo Liberador e integrante del grupo de voluntarios, explica que muchas personas acuden a retirar sus almuerzos u otros insumos, y que además tienen un catastro de personas que presentan algún tipo de discapacidad, son adultos mayores, o por otras razones se les dificulta acercarse a la comunidad. “Nosotros dijimos por dónde nos habla más fuerte Jesús. Sentimos que Jesús nos habla fuertemente en esta olla. Tal como se relata en el Evangelio y el Cristo que sufre, sentimos que hay un mandato bíblico, sagrado. Por lo tanto, sentimos que Jesús nos habla fuertemente a través de esta acción”, indica.

Al explicar sobre el significado que ha brindado esta acción solidaria, Carolina comenta que “es muy hermoso poder encontrarse con los rostros de Cristo. Es un gran desafío en este tiempo de crisis y pandemia, poder hacer lo que estamos haciendo y poder reinventarnos. Porque Jesús no nos invitó a paralizarnos, sino que nos invitó a reinventarnos, a reencantarnos, a renovarnos, nos invitó a cambiar, que tenemos que seguir acompañando a los rostros de Cristo, pero de otra forma. Ha sido una experiencia maravillosa y tal como nos decía el padre Mariano Puga, a través del Evangelio, hay que estar donde hay que estar. Y mientras Jesús nos siga soplando con ese espíritu tan fuerte, encantada de hacerlo”, sentenció.

 


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